Souvenir

06/02/2025

Era una tarde de lluvia cualquiera
en La Rochelle
y mi chica y yo buscábamos la perla
deambulando sin rumbo por las calles.

Los mástiles de los barcos
se agitaban en las aguas
y junto a los muelles
una pareja de saltimbanquis melenudos
hacían piruetas
y suplicaban luego a la gente unas monedas.

Pero todo el mundo parecía estar
cansado o hipnotizado o muerto,
como en esos cuentos de hadas tristes
que a veces nos susurran
de pequeños las abuelas.

Y entonces, súbitamente,
pudimos ver la magia.
Fue en el interior de un bar extraño,
lleno de mesas verdes y cubas de madera
y tipos barbudos que hablaban y bebían
y parecían estar planeando una revolución.

Allí estaban,
con sus vasos de vino blanco o tinto,
fabricando calor con aspecto de escultores locos.
Así que mi chica y yo también bebimos
y los llenamos la cabeza con su magia
y descubrimos que en el lugar menos pensado
puede brillar la perla azul.

La cuestión no es el tiempo ni el espacio
sino el color del cristal a través del cual se mire.

Vicente Muñoz Álvarez

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